La fórmula judía para la longevidad

Si nos ponemos a analizar nuestra existencia en relación al tiempo, nos daremos cuenta de algo interesante. Decimos que vivimos en el presente, pero el presente es tan efímero, que solo en el tiempo que tarda decir “presente” el ya es parte del pasado. De hecho el presente no es un instante definido, sino que el pasaje del futuro al pasado. Vivimos en constante movimiento, es decir, una constante transferencia entre un “tiempo” y otro, nuestras vidas son un puente que une a nuestro pasado con nuestro futuro. En el judaísmo existen dos expresiones que significan una larga vida: 1) Arijut Yamim (días prolongados) 2) Arijut Shanim (años prolongados) Hay gente que vive muchos años, pero no muchos días, es decir, tienen una vida larga pero vacía. No aprovechan el tiempo sino que lo “queman”, lo dejan escapar por entre sus manos. Por otro lado, del Rey David el Tanaj nos dice que vivió muchos días, aún que vivió solo 70 años. David no tuvo una larga vida, sin embargo, aprovechó, vivió cada día de su existencia. El famoso Hilel nos brinda en pocas palabras, toda la esencia de nuestra existencia sobre la tierra: “Él (Hilel) solía decir: Si no soy para mí mismo, ¿quién es para mí? Y cuando soy para mí mismo, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo?” (Pirke Avot 1:14) Este no es lugar para analizar la plenitud de esta enseñanza, sólo concentrémonos en sus últimas palabras: Y si no es ahora, ¿cuándo? Cada “ahora” es único e independiente del “ahora” siguiente. Si no lo aprovechamos, el “ahora” pasa al ámbito inaccesible del pasado, ya no hay como vivirlo. En los Salmos (34) nos dice el Rey David: “Quién es el hombre que desea la vida, que ama los días para ver el bien”. Para que uno sea considerado amante de la vida, debe antes ser amante de los días, vivir cada instante con sentido e intensidad. Pues, como nos enseña el Zohar: “Los días del ser humano son escaleras con las cuales puede subir escalón por escalón hasta que llegue a los cielos” (Zohar, Jayei Sara 129). Cada día que aprovechamos para poner en práctica los valores y preceptos del judaísmo, es un escalón más que subimos rumbo a las alturas del crecimiento ético, moral y espiritual. Hay algo tan único, que nunca ha existido en el pasado y nunca estará aquí nuevamente: ¡El Hoy! Desfruta cada instante, pues ¿si hoy eres exactamente lo que eras ayer, para qué quieres el mañana? DOS FORMAS DE PASAR EL TIEMPO – DOS MODELOS DE VIDA 1) Transferir el futuro al pasado, o sea, el tiempo pasa y la persona se mantiene fija. autosuperacionA los que adoptan esta primera modalidad, la vida carece de sentido, pues no tiene ningún objetivo, ninguna meta a alcanzar. Uno Vive solo por el hecho de que algún día nasció. Ellos se dejan llevar por la corriente, ya que no tienen ni profundidad ni perspectiva. Estas personas suelen ser materialistas, pues lo que buscan es el placer momentáneo ya que futuro no les dice nada. La pregunta que este tipo de gente se hace, no es ¿por qué vivo?, sino ¿cómo vivo? 2) Avanzar en dirección al futuro, o sea, la persona evoluciona con el tiempo. A los que viven según esta filosofía, la vida tiene un propósito. Esta es la gente que ama la vida, aprovechando cada momento, pues cada instante es precioso ya que brinda la oportunidad de acercarse un poco más a la misión. Este tipo de persona es, en general, más espiritual, pues entiende que la vida es el marco donde debemos actuar para perfeccionarnos como seres creados a la imagen y semejanza de D´s. La pregunta fundamental que se hacen los considerados “amantes de la vida/de lo días” es ¿para qué vivo? “Mira, hoy les regalo la vida y el bien” (Devarim 30:15). Cada día es un regalo especial que D´s le da. ¡Aprovéchalo! Disfruta de la bendición de la vida, disfruta de una vida con sentido. Artículos recomendados: Escalando Piramides – La fórmula judía para mantener la motivación La fórmula judía para el equilibrio

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