¿Por qué no despegamos?

¿Por qué no despegamos?

Rabino Erez Moshé Dorón

Llevé a mi hija a un parque de diversiones. Ella quería subirse a los avioncitos. Se sentó en su puesto y amarró su cinturón. Estaba radiante de felicidad. La ronda comenzó. Los demás niños apretaron el botón de “volar” y despegaron, pero mi hija se quedó en tierra.

Al principio no se había dado cuenta de que algo no andaba bien, pero al poco tiempo lo percibió y empezó a preocuparse. Los otros niños se elevaban cada vez más y ella seguía en tierra. El tiempo transcurría rápidamente y ella sabía que su tiempo era limitado.

Yo podía ver su cara tensa y preocupada. De pie allí, mirándola, mi corazón se oprimió de dolor. La había llevado allí para que disfrutara. Ella quería volar; tenía un hermoso avión con todos los botones; estaba tan cerca de lograrlo y no lo conseguía. Yo quería tanto ayudarla.

Traté de hacerle señas de apretar el botón. ¡Sólo aprieta ese botón!

Pasó un minuto, y otro minuto…Ella continuaba dando vueltas sobre tierra, totalmente desesperada. ¡Hasta que me vio! Nuestros ojos se encontraron y ella entendió mis gestos. Rápidamente empezó a apretar todos los botones, y — ¡Sí! ¡Empezó a volar alto!

Alcanzó nada más que dar media vuelta y su tiempo se terminó. Cuando se bajó, estaba radiante. ¡Había logrado montarse en el avión y volar!

¿Entiendes?

Mi Padre en el Cielo también me ha traído a un gigantesco parque de diversiones. Tengo un maravilloso avión, pero en lugar de volar, he estado dando vueltas sobre el andén como un triciclo.

Yo pensaba que ese era el mayor placer existente. Había estado dando vueltas en círculo sobre la tierra, creyendo que eso era todo. Yo vivía en el mundo y mi vida era una rutina de alegría, tristeza, amor, envidia, satisfacción y descontento. Hasta que no sé cómo, escuché el mensaje de Arriba y me asusté: “¡No puede ser que esto sea todo, debe haber algo más!

A mí alrededor estaban aquellos que se elevaron en vuelo. Yo podía escuchar su distante llamado, y estaba intranquilo. Pensaba: “Me estoy perdiendo algo”, pero seguía aún sin despegar.

Durante todo ese tiempo, mi Padre, a una cierta distancia, me hacía señas; pero yo no levantaba la vista para verlo.

¿Cuántos años puede uno vivir en este mundo sin elevarse, sin permitirse volar? Todo hombre posee libre albedrío, y toda persona, hasta la más baja de las bajas, tiene el poder de alcanzar el mayor nivel.

Y tú, ¿Qué esperas para despegar?

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