3 pasos para ser un verdadero entusiasta

Las personas que consiguen adaptarse eficazmente al cambio, así como resolver los problemas inevitables y enfrentar todos los altibajos que puede reservar la existencia a cada uno de nosotros, son los que han adoptado una actitud fundamentalmente optimista y entusiasta con respecto a la vida.

¿Cómo podemos transformarnos en verdaderos entusiastas?

Paso 1: Percepción y realidad

Nuestra auto imagen tiene un fuerte impacto sobre nuestro carácter y personalidad. La forma en que nos vemos a nosotros mismos se transforma en realidad, para bien o para mejor. Este concepto es tan poderoso que puede influenciar todo lo que hacemos o dejamos de hacer.

La auto imagen que tenemos es nuestra opción, es decir, cada quien decide como quiere verse. En realidad todos tenemos virtudes y defectos, tú eliges en qué te enfocas. Considérate una persona positiva, esto te va a motivar a ser efectivamente positivo. Considérate un entusiasta y realmente lo serás.

Es fácil decir: “Pero no siempre soy entusiasta” y puede ser que esto sea verdad. Sin embargo, en muchos otros aspectos de nuestro carácter nos consideramos objetivamente como poseedores de determinada característica, aunque no siempre nos portamos de esta forma. Tomemos una perspectiva negativa como ejemplo: Si una persona robó solamente una vez a un banco, lo llamaremos “ladrón de bancos” (en plural). Veamos un ejemplo más frecuente, si percibimos que alguien nos está mintiendo, inmediatamente lo llamamos mentiroso. No le decimos estás mintiendo, sino que lo clasificamos como mentiroso. Curiosamente, una única y aislada acción se transforma en nuestra boca en una descripción general de carácter.

El secreto de una auto imagen positiva, está en aplicar el mismo modelo a las características positivas. Es decir, si haces una buena acción, considérate una buena persona. Verse así mismo de esta manera te motivará a ser cada vez mejor persona. ¡Si actuaste una vez con entusiasmo, créate una auto imagen de entusiasta! De esta forma, podrás actuar más entusiasmadamente por más veces. ¡Esto solo ya es un buen motivo para entusiasmarse!

Así, que a la prójima vez que te entusiasmes con algo positivo, di a ti mismo: ¡“Estoy entusiasmado, es decir, soy un entusiasta”!

Paso 2: Del “hacer” al “ser”

Mientras la sociedad moderna afirma que nuestras acciones derivan de nuestros sentimientos, el judaísmo alega que los sentimientos son el resultado de nuestras acciones. O sea, que con cada acción se va forjando la personalidad humana.

“Una persona es influenciada por sus actos. Su corazón y sus pensamientos siguen a los actos que él hace para bien o para mal… porque los corazones siguen a las acciones”. (Sefer Hajinuj)

Este es el motivo que la gran masa de preceptos en el judaísmo trata de acciones específicas y no de experiencias o vivencias meta-físicas o místicas. Estas acciones, llamadas mitzvot, son aquellas que la sabiduría divina eligió como forjadoras de una personalidad positiva. Las Mitzvot tienen una dimensión exterior, el acto mismo, y una dimensión interior, la consecuencia del acto sobre nosotros. El gesto exterior, es decir, el cumplimiento práctico de la Mitzvá, despierta nuestra actitud interior influyendo en última instancia sobre nuestro carácter y personalidad.

Si aplicamos este concepto a nuestro tema, concluiremos que la mejor manera para transformarse en un verdadero entusiasta es actuar entusiasmadamente. A cada vez que te portas entusiasmadamente absorbes, subconscientemente, el entusiasmo como parte integral de tu ser.

Si tuviéramos que primero sentir el entusiasmo, tendríamos que esperar que las condiciones ideales ocurran, para luego entusiasmarnos. Por ende, jamás nos entusiasmaríamos por algo, pues siempre tendríamos razones para no entusiasmarnos.

El judaísmo nos da la solución: Primero tendrás que forzarte a ti mismo a actuar entusiasmadamente, aún que no te salga espontáneamente y con el tiempo y la acción repetida, llegarás a sentir verdadero entusiasmo.

Paso 3: La dimensión interior

Otro ingrediente que debemos adoptar en nuestra jornada a ser entusiastas es la fascinación. Es decir, mirar el ambiente en que vivimos con verdadera curiosidad y fascinación. Una persona que está consciente de las maravillas que D´s creó en este mundo, podrá experimentar una constante fascinación, que finalmente lo conducirá al entusiasmo. El que observe su cuerpo como una creación divina, increíble en su sabiduría y complejidad, automáticamente se entusiasma. Ni hablar del alma, con todos sus atributos divinos.

La palabra entusiasmo proviene del griego y tiene dos raíces: ‘en’ y ‘theos’, o sea, tener un D´s dentro de sí. En el Judaísmo esto no es una metáfora, sino que la más pura esencia del ser humano. En Bereshit aprendemos que D´s, además de crear al hombre a su imagen y semejanza, le “insufló en las ventanas de su nariz, un espíritu de vida”. ¡La Tora nos enseña que somos literalmente entusiastas! D´s habita dentro de cada uno de nosotros, ésta es nuestra esencia.

La conciencia de que somos seres imbuidos de divinidad, es un ingrediente vital para formar una auto imagen positiva. Esta conciencia por un lado nos impone una importante misión, y por otro lado, nos nutre de energía positiva, motivación y entusiasmo para cumplir tan noble papel.

Concienciarse de nuestra esencia divina y esforzarse para sacarla a la luz por medio de las acciones que el creador definió para este fin, llenan de energía al que lo experimenta, sin dejar espacio a los sentimientos y pensamientos negativos. La persona que conoce su dimensión interior está impulsada a actuar en el mundo, a transformarlo, movida por la fuerza y la certeza en sus acciones. ¡Ésta es la más profunda de todas las fuentes del entusiasmo!

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