Explicaciones innecesarias

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Por: Iliana Berezovsky Becky Krinsky de Recetas para la vida©

Querer a los hijos es un acto natural, educarlos correctamente es un arte. La Tora nos enseña que el respeto debe ser la base de la relación entre hijos y padres. Esto tiene implicaciones no solo en la forma que los hijos deben tratar a los padres, sino que también influye sobre la manera que los padres deben educar a sus hijos.

En nuestra sociedad es muy común tratar de que los niños entiendan y cooperen cuando se les pide algo. Con niños, sobretodo chicos, esto es muchas veces un error. Muchas veces los padres se desgastan en dar explicaciones esperando que el niño razone y voluntariamente siga las indicaciones lo que termina generalmente en una gran frustración ya que más allá de si entiende o no el hijo no tiene deseos de cooperar. Entonces allí es cuando comienzan los gritos y las grandes batallas. Los padres se preguntan equivocadamente ¿Por qué será que mi hijo no entiende?

Mike y Dalia adoran a Fernandito, un niño despierto, travieso y muy consentido. Es el único hijo y fue muy deseado por los padres que se casaron a una edad más avanzada. Además , es el primer y único nieto de los dos lados de la familia. Fernandito está acostumbrado a salirse con la suya.

El otro día cuando Dalia y Mike fueron a llevarlo a la guardería, la directora les comento que estaban teniendo grandes problemas con Fernandito, el niño no hace caso a la maestra. La madre se sintió muy angustiada y avergonzada ¡su hijo ya estaba teniendo problemas en la escuela! Dalia se imaginaba que si esto sucedía en la guardería que pasaría una vez que entrara a la escuela primaria? Ella y su esposo ya tenían dificultades con el niño en la casa ya que sienten que el niño no entiende cuando ellos le hablan.

Habían notado que Fernandito se llevaba juguetitos de todas partes sin pedir permiso y a pesar que le explicaban que no debía hacerlo continuaba haciéndolo. Lograr que se bañara era una gran lucha. Los padres dedicaban un largo rato a ]explicarle porque debía bañarse y al final de tantas aclaraciones el niño igual se rehusaba. Esta misma escena se repetía en incontables cantidad de situaciones y los padres se sentían exhaustos.

Tanto Dalia como Mike tienen un buen nivel de educación y altos puestos en sus trabajos y son exitosos y competentes. Sin embargo, frente a Fernandito se sentían derrotados. No lograban comprender porque el niño se comportaba así si ellos lo llenaban de cariño, le hablaban con mucha paciencia y evitaban castigarlo.

La directora les recomendó que impusieran más disciplina y dejaran de darle al niño tantas explicaciones. Los padres tienen que estar a cargo de sus hijos y el niño debe aprender a seguir sus indicaciones y confiar en ellos más allá de si comprende o no. Amar y educar son dos cosas distintas, las dos indispensables. Los padres deben ejercer la autoridad y saber que hay cosas que no son negociables.

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Recetas para la vida

La disciplina

Ingredientes:

  • I taza de límites claros
  • 1 taza de órdenes supervisadas
  • 2 cucharadas de autoridad
  • 1 manojo de cariño
  • 2 puños de valores
  • 1 pizca de ejemplo

Condimentos: Palabras concisas, consecuencias y comprensión.

Precaución: Las órdenes deben de ser claras, precisas y lógicas. Los argumentos y las discusiones disminuyen el poder de los padres.

Modo de preparación:

  1. La disciplina es el ingrediente más importante para asegurar el éxito. Los límites y la autoridad adecuada hacen posible que se destaquen y se desarrollen las potencialidades de los hijos.
  2. La disciplina no es una alternativa; es el ingrediente necesario para educar. No se debe de negociar con los hijos. Las órdenes de los padres no tienen precio ni condiciones, no hay opciones ni explicaciones cuando se trata de obligaciones.
  3. Sin disciplina los hijos no tienen guía y el camino por la vida se convierte en un lugar confuso y lleno de peligros. La disciplina nos enseña a respetar, a seguir indicaciones y a tener control. Nos facilita el camino en las relaciones humanas, así como nos libera de la peligrosa sensación de autonomía sin límites y la creencia del derecho a exigir que sólo nos confunde.

La disciplina no es mandar o imponer autoridad, por lo contrario es una manera de enseñar a respetar, querer y educar con responsabilidad.

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