La sabiduría Judía

Sabiduría Judía
Sabiduría Judía
Rav SacksCartas para la próxima generación – Carta 6

Por: Rav Lord Jonathan Sacks. Todos los derechos reservados ©

 

QUERIDA SARA, QUERIDO DAVID, la sabiduría es gratis y, sin embargo, es muy cara, ya que solemos adquirirla por me­dio del fracaso, la decepción o el dolor. Por esta razón, intentamos compartir nuestra sabiduría, para que los demás no paguen por ella el mismo precio que nosotros ya pagamos. Comparto con ustedes algunas de las cosas que el Judaísmo me enseñó acerca de la vida:

Nunca procuren ser inteligentes, siempre procuren ser sabios.

Respeten a los demás, aún si ellos no los respetan a ustedes.

Nunca busquen publicidad por las cosas que hacen. Si se la merecen, la recibirán; y si no se la merecen, serán cuestionados. En cualquier caso, la bondad no necesita llamar la atención.

Cuando hagan el bien a los demás, se beneficiarán ustedes, su conciencia y su dignidad. El mayor regalo que les brinda el dar es la oportunidad misma de dar.

En la vida, nunca tomen atajos: no hay éxito sin esfuerzo, ni logros sin trabajo duro.

Mantengan distancia de aquellos que buscan el honor. Sean respetuosos, pero ninguno de nosotros está llamado a ser el espejo de aquellos que se aman a sí mismos.

Tengan conciencia que D-s todo lo ve. No podemos engañar a D-s. Cuando intentamos engañar a otros, en general solo logramos engañarnos a nosotros mismos.

No se apresuren al juzgar a los demás. Si ellos están equivoca­dos será D-s quien los juzgue. Si somos nosotros los equivocados, D-s nos juzgará.

Mucho mas grandioso que recibir amor, es dar amor.

Se decía de un líder religioso, que era un hombre que tomaba a D-s tan en serio que nunca tuvo la necesidad de tomarse en serio a sí mismo. Vale la pena aspirar a lograr esto.

Utilicen bien su tiempo. La vida es corta, demasiado corta para malgastarla en la televisión, juegos de computadora y correos electrónicos innecesarios; es demasiado corta para malgastarla en rumores, o envidiando a los demás por lo que tienen; es demasiado corta para enojarse o indignarse; es demasiado corta para malgastar­la criticando a los demás. “Enséñanos a valorar nuestros días”, dice el Salmo, “para que traigamos sabiduría al corazón”. Y así, cada día en el que hayas hecho el bien a alguien, no habrá sido un día en vano.

En la vida, se encontrarán con muchas cosas que los angustia­rán. Las personas pueden ser indiferentes, crueles, desconsideradas, ofensivas, arrogantes, severas, destructivas, insensibles y groseras. Eso es problema de ellos, no de ustedes; su problema es cómo res­ponder. Una sabia mujer dijo: “Nadie puede hacerlos sentir inferior sin vuestro permiso”. Y lo mismo se aplica a otras emociones nega­tivas. No reaccionen. No respondan. No se enojen, pero si lo hacen, tómense el tiempo necesario para que el enojo desaparezca, y luego continúen con sus vidas. No dejes que otros dominen tu propio estado emocional. Perdonen, y si no pueden perdonar, ignoren.

Si intentaron y fallaron, no se sientan mal. D-s perdona nues­tros fracasos en cuanto los reconozcamos como tal –y eso nos ahorra engañarnos a nosotros mismos al pensar que fueron logros. Ninguna persona que valga la pena admirar tuvo éxito sin antes pasar por varios fracasos en el camino. Los grandes poetas escribieron malos poemas; los grandes artistas pintaron cuadros mediocres; no todas las sinfonías de Mozart son obras maestras. Si no tienen el coraje para fracasar, tampoco tienen el coraje para triunfar.

Busquen siempre la amistad de aquellos que son fuertes en lo que ustedes son débiles. Nadie tiene todas las virtudes. Incluso un Moisés necesitó a un Aarón. Siempre es mejor el trabajo de un equi­po, de una asociación o en colaboración con otros que tienen dones diferentes o distintas maneras de ver las cosas, que el que puede realizar una persona por sí sola.

Generen momentos de silencio del alma si quieren escuchar la voz de D-s.

Si algo está mal, no culpen a los demás. Pregúntense, ¿qué pueden hacer para solucionarlo?

Recuerden siempre que ustedes crean el entorno que los ro­dea. Si quieren que otro sonría, ustedes deben sonreír. Si quieren que otros den, ustedes deben dar. Si quieren que otros los respeten, ustedes deben respetarlos. Como nos trata el mundo es el espejo de como nosotros tratamos al mundo.

Sean pacientes. A veces, el mundo va más lento que nosotros. Esperen a que los alcance, porque si van por el buen camino, final­mente lo hará.

Nunca ocupen sus oídos con banalidades que les impidan oír lo que dicen las personas virtuosas.

No se preocupen cuando les digan que son muy idealistas. So­lamente aquellos que son idealistas cambian el mundo, y ¿realmente no quisieran cambiar algo en el mundo durante el curso de sus vi­das?

Sean directos, sean honestos y hagan siempre lo que dicen que van a hacer. De hecho, no hay otra manera de vivir.

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