Parashat Kedoshim: Amar al prójimo, ¿Acción o sentimiento?

Veahavta
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Por el Dr Yitzhak Calafi

El mundo en general desconoce el judaísmo y toda su riqueza espiritual, ética e intelectual, la profundidad de su pensamiento y de su desarrollo recopilado en el Talmud, así como el de la hermenéutica hebrea, diferente a otras religiones.

Uno de los grandes errores que se ha cometido, y se comete, contra el judaísmo es creer que el mandamiento de “amarás al prójimo como a ti mismo” (Vayikrá –Levítico- 19:18) se circunscribía inicialmente sólo a los miembros de Israel y que más adelante fue ampliado a los extranjeros que vivían en Eretz Israel (Vayikrá 19:33-34).

Leemos en la Torah “No tomes venganza ni conserves el rencor”. [Vayikrá 19:18] Esta prohibición no restringe las exigencias de justicia, no detiene el funcionamiento de la justicia en los casos de dinero, ni en los casos que está en juego la vida humana. La Torah prohíbe el sentimiento de odio. La prohibición de la venganza en la Torah no debe confundirse como una aceptación de la injusticia. Cuando se trata de un desagravio por daños causados al prójimo, no se debe renunciar a sus derechos. Los demandará justamente, así como está escrito: Tal como él ha actuado, así se actuará con él.

Maimónides indica al respecto: “Se debe borrar del corazón el recuerdo del mal que uno ha experimentado y no se le debe mantener, pues mientras más se le mantenga, se arriesga más de actuar en venganza. También la Torah ha precisado que se debe borrar el recuerdo de los malos procedimientos hasta que haya desaparecido de la memoria. No es sino con esta condición que la vida en sociedad y las relaciones normales entre los hombres se hace posible. [De´ot. VII:8]

 

En la mitzvá de “Amarás al prójimo como a ti mismo” se podría objetar que es posible que alguien no quiera amarse, por lo que tampoco se estaría obligado a amar al prójimo, ya que el amor al prójimo ha de ser similar al que uno tiene hacia si mismo. Pero la Torah nos obliga a amar a D-s: “Amarás al Señor tu D-s con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” [Devarim 6:5] y en el amor hacia D-s está el de amarnos y amar a cada ser humano, imagen y semejanza de D-s.

Leemos en Shemot -Éxodo- 23:4-5: Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, no pasarás de largo, sino  que lo ayudarás.

Mishei –Proverbios- 25:21: Si tu enemigo estuviere tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. ​

Shemot -Éxodo- 22:20-21: Y al extranjero no engañarás, ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.

En caso de incumplimiento de esta ley, el Eterno castigará al lesionador. [Shemot 22:22-23]

Shemot –Éxodo- 23:9: Y no angustiarás al extranjero, pues vosotros sabéis cómo se halla el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.  

Devarim -Deuteronomio- 10:17-20: Por cuanto el Eterno vuestro D-s es el D-s de los dioses y Amo de los amos, y en Su grandeza y poder no hace acepción de personas ni admite sobornos,  hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis pues al extranjero; porque extranjeros fuisteis vosotros en tierra de Egipto. Amarás al Eterno tu D-s, oh Israel, Le servirás y Le seguirás.

 

Tal como proclamó Rabi Akiva “el amar al prójimo como a si mismo es un principio fundamental de la Torah”. Amar al prójimo al que hace referencia uno de los principales preceptos de las 365 mitzvot negativos de la Torah: No odiarás a tu prójimo en tu corazón [Vayikrá –Levítico 19:17] y otro de las 248 mitvot positivas: Amarás al prójimo como a ti mismo [Vayikrá –Levítico 19:18]

¿Quién es el prójimo según el judaísmo?

Amarás a tu prójimo. Rabí Akivá reconocía en esta frase el Principio de la base de la Moral Judía, la solidaridad fraternal de los seres humanos. Ben Azái consideraba la frase “He aquí el libro de las generaciones de Adám; cuando D-s creó al ser humano, lo hizo a Su imagen y semejanza” [Bereshit -Génesis-5:1] abre horizontes inmensos al proclamar la verdad de la unidad natural del género humano. Todos los seres humanos, hombres y mujeres, somos hijos de los mismos padres: Adám y Java, por lo que todos somos hermanos. Todos los hombres estamos creados a imagen y semejanza de D-s, y es por ese título de hermanos que todos los seres humanos son nuestros semejantes y prójimo. El amor y el respeto que le debemos al prójimo tienen su origen en el hecho de que el hombre fue creado a la imagen de D-s. Cualquier ofensa que se le ha hecho a nuestro prójimo es una afrenta hecha a D-s.”  Tal es, según el Avót de Rabí Natán XVI, el significado del sufijo colocado en nuestro versículo:  אני יה–וה [Ani Ado—nai]  “Yo soy el Eterno”, ¡que lo creé como Yo te he creado a ti!

La sociedad, la humanidad, constituye una unidad orgánica, en la que cada miembro debería compartir los sufrimientos y las alegrías de los otros. ¿Pero quién es ese prójimo?, se pregunta Neusner.

En la Torah se le representa como a cualquiera que sea descendiente de Adán, el padre bíblico, es decir, cualquier ser humano, puesto que en el contexto bíblico se habla de todos los humanos conocidos hasta entonces.

Los descendientes de Adam y Java (Eva), conformarían por tanto una familia común y, dentro del contexto de Bereshit (Génesis), el concepto de la familia de Abraham y Sara, extendida por todos los rincones del mundo, conlleva un rotundo mensaje de comunidad humana.

¿Por qué por tanto la gente limita la definición de prójimo sólo a aquéllos con los que se comparten las mismas creencias religiosas?

El profeta Simeon Ben Azzai veía a la humanidad con una genealogía unitaria, y en este contexto interpretaba el “ama al prójimo como a ti mismo” de forma limitada, puesto que reducía a la humanidad entera a un grupo particular, en un claro intento de enmarcar las cuestiones relacionadas con el “prójimo” para su propia gente.

Por el contrario, en Vayikrá (Levítico), se extiende de manera explícita la regla del amor al prójimo a extraños y extranjeros.

El judaísmo rabínico refleja a D-s en términos humanos. La emoción del amor es por tanto imputada a D-s. La proclamación de la fe judaica señala que ha de amarse a D-s con todo el corazón, el alma y la fuerza, lo que implica que D-s desea el amor de los humanos.  El judaísmo rabínico ve a D-s y al hombre como consustanciales y, por tanto, con las mismas características emocionales: poder, amor y justicia serían las tres principales.

Rabi Yaakov Emdem (Avot 1:12) y Rabénu M. Cordonero (Tómer Deborah II) explican que “el amor al prójimo se extiende al conjunto de todos los seres humanos, comprendidos los pecadores y paganos: Que el hombre se habitúe a abrir su corazón con amor hacia todos los hombrees, incluidos los pecadores y los impíos, como si fueran hermanos y aún más. Se deseará su arrepentimiento para que se vuelvan justos.”

Yejezkel 33:11: Diles: ¡Vivo Yo, que no quiero la muerte del impío, sino que el impío se aparte de su camino y viva!, dice el Señor. ¡Apartaos, apartaos de vuestros malos caminos!

Desgraciadamente los seres humanos tenemos enemigos, el odio entre hermanos no es nada nuevo, Cáyin odió mortalmente a su hermano Hébel, y los judíos tenemos la experiencia de que en todas las generaciones hemos tenido, y tenemos, enemigos que nos odian ya únicamente por el mero hecho de ser judíos.                                             Pereshat Kedoshim 19:17 “prohíbe conducirse con desprecio hacia el prójimo, y también odiarle en nuestro corazón” y “no debemos alegrarnos ante la caída de nuestro enemigo, ni regocijarnos cuando está abatido”, como expresa el midrash Bereshit Raba: “Aquel que se vanagloria de la deshonra de su prójimo no tiene parte en el mundo venidero”. Pero si podemos y debemos alegrarnos de que el Eterno nos libera de nuestros enemigos.

 

La visión judía del amor

Rabi Akiva enseñaba: Amado es el hombre, porque fue creado a imagen de D-s, como está escrito “A imagen de D-s hizo al hombre” [Bereshit 9:6]

Está escrito: “D-s hace caridad a miles, a los que Me aman y a los que conservan Mis preceptos” [Shemot 20:6] Por otra parte está escrito: “A los que conservan por temor Mis preceptos (D-s) hago caridad por un millar de generaciones” [Devarim 7:9].

En el primer versículo la retribución, referida  a los que actúan por amor es para varios millares. En el segundo sólo se habla de un millar, y está a los que actúan por mero temor. Por eso decía Rabí Simón hijo de Elazar: Es superior el que actúa por amor al que actúa por miedo. [Sotá 31]

 

Cuando un amor depende de una condición, si se anula la condición se anula el amor.

El amor que no depende de condición alguna, nunca se pierde. [Avot 5]

 

El amor domina a la razón. El amor trastorna al hombre y le hace perder la conciencia de su situación social. Semejante es el odio; también el odio trastorna a la persona y le hace perder la conciencia de su situación.  [Sanhedrín 105]. El amor es para bien, el odio es para mal.

 

De tres cosas depende la existencia del mundo: Torah, acción y amor. [*]

 

El judaísmo no trata el amor como un ideal, un principio, un deseo, un anhelo, una ilusión, una pasión, una emoción o un sentimiento. El amor en el judaísmo es una obligación, una mitzvá, un deber, una responsabilidad, un requisito.

El Eterno nos obliga a amarnos el uno al otro, nos exige amar y nos instruye a cómo amar. D-s nos compele, nos obliga a amar, por lo tanto es posible amar.

Si unos padres oyen que uno de sus hijos, enfadado con su hermano, le manifiesta explícitamente odio, los progenitores le dirán: “no puedes odiar a tu hermano, tienes que amarlo, es tu hermano”, lo mismo hace el Eterno con nosotros y nos dice que NO podemos odiar a nuestro semejante, debemos amarlo.

Hay religiones o ideologías que piensan que el amor es una emoción y sentimiento místico, en el que se tiene, o no, amor. En el judaísmo el amor es producto de un esfuerzo en el que el judío se involucra obligatoriamente hacia el prójimo.

 

Maimónides define el pensamiento judío con precisión y explica que el amor al prójimo no puede, en efecto, valerse de una moral negativa. Comprende extensos aspectos positivos que forman el contenido de la mitzvá de  גמלות חסד  guemilút jésed: visita a los enfermos, participación en los servicios funerales, consolación a los afligidos, hospitalidad, sostener a jóvenes comprometidos, protección a los huérfanos, protección a las viudas, reconciliación de los enemigos, etc. Rambam lo resume en su forma positiva: “Hazle a tu prójimo lo que tú quisieras que te hicieran”.

Con relación a la justicia, factor principal y esencialmente regulador y que se limita a proteger a la sociedad contra todo tipo de delitos y a formar y reforzar la conciencia moral individual, el amor sigue siendo el atributo positivo y la fuerza creadora, el único capaz de unir el espíritu y el corazón de los seres humanos en un sentimiento profundo de fraternidad. El amor es el acto final, aunque primero en el pensamiento. El amor al prójimo es uno de los factores de nuestra comunión con D-s.

 

Los sabios de Israel nos dicen que la Torah tiene dos grandes fundamentos: uno, el amor a D-s, y el otro: el amor al prójimo. Los dos son los grandes pilares de Am Israel, pero con un agregado: la acción, sin la acción del amor a D-s y sin la acción del amor al prójimo, toda la Torah carece de contenido; se convierte en una mera teoría, especulación, declamación y declaración vacua. El Talmud Yerushalmi en Jaguija 1:7 dice: “Mejor que ellos (los hijos de Israel) Me abandonen pero sigan Mis leyes, porque viviendo de acuerdo a Mis leyes vendrán a Mi”.

Amar al prójimo no impide que se tenga que aplicar la justicia; al contrario, exige justicia. En su grado más grave y extremo implica que también se deba amar a los reos, a aquellos que merecidamente se les tenía que ejecutar. Talmud Bavlí Ketuvo 37, Sanedrín 45: “Elige para él (condenado a muerte por el tribunal) una defunción con la menor agonía”.

La pena de muerte era tan infrecuente en Am Israel, que se consideraba a un tribunal que llevase a la práctica una ejecución una vez en setenta años, de “sanguinario”.

A aquella persona que se merecía la aplicación de la pena de muerte, como Adolf Eichmann ejecutado en Ramla, Israel, el 31 de mayo de 1962 se le aplicó la defunción con la menor agonía. Eichmann, teniente coronel de las SS nazis, fue el responsable directo de la “Solución final”, principalmente en Polonia, y de los transportes de deportados a los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial,

 

La sentencia y la obligación de “amar al prójimo” es uno de los grandes aportes ético y moral que el judaísmo ha hecho a la humanidad.

 

NOTAS

[*]  El mundo fue creado por estas tres cosas (Rabi Ovadia de Bartenura). El mundo existirá solo cuando se perfeccione en la teoría y la práctica, y en la práctica hay dos caminos. Las acciones entre el hombre y el Eterno, y entre el hombre y su semejante.

Con respecto al estudio dice el Rabí: La Torá, sobre las relaciones entre el hombre y HaShem, El Culto sobre el hombre y su semejante, La Caridad (Rabí Shmuel D`Ozeda (1540-1600, nació en Safed, alumno del  Ari Hakadosh, autor del Midrash Shmuel sobre Pirkei Avot).

La Torá: Nuestros sabios dijeron “que si Israel  no hubiese recibido la Torá, el cielo y la tierra no hubiesen sido creados (Rabi Ovadia de Bartenura).

El culto: Se refiere al servicio de las ofrendas (Rabí Ovadia de Bartenura) y Rabenu Iona de Gerondi agrega:  Nosotros que no tenemos el Korban, sacrificio, para que expíe (nuestros pecados), nuestras oraciones harán esa función.

Dijo Rabí Ieoshua sobre la Tefilá (la Oración)

 

 

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