Beshalaj: ¿Cómo subir y mantenerse arriba?

Manetenrse arriba
Mantenerse arriba

Parashat Beshalaj

Por el Rabino Ilan Rubinstein.

“Mi fortaleza es el Eterno, inspiración de mi canto. Él es mi salvación. Este es mi D-os y lo embelleceré, el D-os de mi padre, y lo exaltaré” (Shemot 15:2).

La salida de Egipto no garantizó la libertad, ya que a los pocos días el Faraón y su ejército persiguieron al pueblo de Israel y lo alcanzaron a las orillas del mar Rojo. Lo que parecía una nueva desgracia se convirtió en la salvación definitiva.

D-os hizo cruzar al pueblo de Israel el mar Rojo partiendo las aguas y en el momento que los egipcios tomaron el mismo camino en la persecución, D-os devolvió las aguas a su curso normal ahogándolos.

En ese momento de inspiración, el pueblo entonó junto a Moshé uno de los cantos más bellos, “El Canto delMar”, expresando su agradecimiento aD-os por la milagrosa salvación.

Hubiéramos esperado que este momento se convirtiera en la cúspide de inspiración para el resto de sus vidas, pero no fue así. ¿Qué pasó con el pueblo inmediatamente después de “Shirat Hayam”, “El Canto del mar”?

Nos dice la Torá: “He hizo viajar (vayasa) Moshé a Israel desde el mar Rojo por el desierto de Shur”. El verbo “vayasa” corresponde al tipo “hifil” en el idioma hebreo, lo que significa: “hacer hacer”, y en este caso: “hacer salir”, es decir, “sacar”. Explica el Midrash (Yalkut Shimoni 245)  que Moshé tuvo que sacarlos a la fuerza de las orillas del mar cuando estaban juntando el botín de los carruajes egipcios, ya que no se querían ir.

Moshé les dijo que todavía faltaba mucho camino por recorrer ya que la meta era llegar al Monte de Sinaí para recibir la Torá. De un nivel espiritual tan alto, inmediatamente sucumbieron a las debilidades humanas, pensaban sólo en el dinero y se olvidaron de su finalidad.

¿Cómo se hace para no caer así?

En una ciudad pequeña, un Holding compró un edificio donde trabajaba un portero que su abuelo y su padre habían trabajado allí. El Holding quería modernizar la administración del edificio e instruyó al portero que debía anotar el nombre de cada persona que ingresara al edificio y la placa del auto. Como el humilde portero no sabía leer ni escribir debió dejar el trabajo, recibiendo una pequeña indemnización.

Al principio este hombre se desesperó, pero después de un tiempo pensó que quizá pudiera hacer lo mismo que hacía en el edificio pero de manera particular, trabajar en plomería y carpintería.

El hombre trabajó duro y poco a poco se fue haciendo de una buena posición. Él no sólo arreglaba las casas, sino que también les conseguía herramientas a sus clientes cada vez que viajaba a proveerse de materia prima a otra ciudad no muy lejana.

 Prosperó a tal punto que decidió abrir una ferretería, luego dos, tres, y más. Se convirtió en el hombre más rico de la ciudad.

Un día, el alcalde le pidió si podía donar la construcción de una escuelita para niños de bajos recursos. Pensó él que esta era una buena oportunidad de retribuir a su ciudad un poco de lo mucho que había ganado.

 El día de la inauguración, el alcalde dio un bello discurso resaltando las bondades filantrópicas de este hombre y al final sacó un gran diploma para homenajearlo.

–Y ahora queremos pedirle a nuestro mecenas que firme su propio diploma –dijo a viva voz.

Este hombre se acercó y en voz baja le dijo: –Lo siento, pero yo no sé leer ni escribir.

Un poco incómodo por su desliz, el alcalde se sacó de la manga una salida elegante y le susurró al oído:

–¡Qué increíble!, sin leer ni escribir construyó un imperio económico, imagínese si hubiera sabido leer y escribir lo que hubiera sido.

Y el hombre le contestó: –Sí, hubiera sido un simple portero.

El pueblo de Israel estaba en un peligro existencial, los egipcios los amenazaban con su ejército invencible. Pero justo apareció D-os para salvarlos milagrosamente. El pueblo llegó a un nivel de conciencia espiritual altísimo, la supuesta desgracia se convirtió en el trampolín para alcanzar las cúspides del crecimiento espiritual, pero lamentablemente dejaron pasar esta hermosa oportunidad, se olvidaron de la nueva estación espiritual del Monte de Sinaí y se dedicaron a juntar el oro de los egipcios.

Como en la anécdota, la sabiduría del portero fue aprovechar la nueva oportunidad para crecer, con pequeños pasos, una tienda y luego otra y así sucesivamente. Lo que él hizo a nivel material, Israel debió capitalizar a nivel espiritual.

Este es uno de los grandes desafíos en la vida, subir y mantenerse arriba, saber que siempre hay que luchar por seguir en un crecimiento sostenido. Si no fuera por Moshé, el pueblo se hubiera resignado a ser un simple “portero”. Se hubiera acostumbrado a la rutina nuevamente, no hubiera aprovechado una oportunidad única como fue esa fuente de inspiración del suceso del mar Rojo.

Ya dijo el Rey Shlomó:20 “Quien ama el dinero, no se saciará con el dinero”, es decir, siempre querrá más.

Para evitar las caídas espirituales debemos aplicar la frase anterior a nuestra espiritualidad. Debemos ver en cada suceso de la vida, bueno o malo, una nueva oportunidad de acercamiento a D-os.

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