Noaj: Hombre terrenal

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Chardonnay grapes for white wine growing in a vineyard in the Burgundy region of France

Parashat Noaj, por el Rav Ilan Rubinstein

“Y comenzó Nóaj, el hombre de la tierra y plantó una viña. Y bebió del vino y se embriagó y quedó desnudo en medio de la tienda” (Bereshit 9:20,21).

Un duro año debió pasar Nóaj dentro del Arca hasta que finalizó el diluvio. Sus días estaban dedicados a alimentar animales y a preocuparse de que la comida llegara a cada uno según sus necesidades y en el tiempo apropiado.

Con un paisaje desolador del mundo, Nóaj debió recomenzar su vida, volver a la rutina “con los pies sobre la tierra”.

Llama la atención qué la Torá llama a Nóaj “Ish Haadamá”, es decir, “El hombre de la tierra”. Si bien es cierto que Nóaj es un hombre terrenal, este apelativo parece un poco despectivo ya que Moshé, el personaje más importante de la Torá, es llamado “Ish HaElokim”, es decir, “El hombre de D-os” así como son mencionados otros profetas. Nóaj también era profeta, sin embargo, no recibe este apelativo. ¿Cuál es la razón?

Extracto del discurso de Kirk Douglas en el Centro Simón Wiesenthal.

Miren, el judaísmo y yo nos separamos hace mucho tiempo cuando yo era un niño pobre creciendo en Ámsterdam, Nueva York.

 En ese entonces yo era muy bueno en el Jéider por lo que los judíos de nuestra Comunidad pensaron que harían algo maravilloso si recolectaban dinero suficiente para mandarme a una Yeshivá y de esa manera convertirme en Rabino. Y eso me asustó terriblemente, pues yo quería ser actor. Créanme, los miembros de la Comunidad fueron persistentes. Yo tenía pesadillas que tenía los peyes (aladares) largos y un sombrero negro y tuve que trabajar mucho para salirme de esto y me tomó un tiempo largo entender que no tienes que ser rabino para ser judío.

*UNA HISTORIA TEMEROSA*

Me asusté del judaísmo a la edad de 14 años, después de leer la historia de Abraham e Itzjak, en la cual D-os le ordena a Abraham que sacrifique a Itzjak; recuerdo la escena en mi libro escolar. Abraham con una barba larga, tenía en una mano el cuchillo y en la otra al pequeño niño asustado y ese niño se veía igual que yo. Un ángel estaba intentando evitar la acción de Abraham ¿Cómo podía convencerlo que era solamente una prueba? ¡Vaya prueba!

Esa escena se quedó en mi mente por mucho tiempo hasta que fui alejándome del judaísmo. Crecí, fui a la Universidad, pero mi judaísmo quedó atorado en el libro de texto de un niño de 14 años. Se me ha dicho que ninguna persona racional tomaría una decisión respecto de su negocio basado en lo que sabía cuando tenía 14 años. No decidirías con quién casarte basado en lo que sabías sobre el amor a los 14 años. Pero muchos de nosotros parecemos satisfechos al eliminar la religión basados en lo que estudiamos a los 14 años y yo fui uno de esos tontos.

Claro que siempre supe que era judío e inclusive hice una audiencia para tratar de incorporarme a un teatro en Yiddish en Nueva York. Me veían con el pelo rubio y los ojos azules y decían: “Si tenemos un papel para un nazi te llamamos”.

Aunque me sentía atraído al drama y misterio del judaísmo otros aspectos me alejaban. ¿Qué tenía en común con aquellos hombres de barba, sombrero negro y peyot? Pero mientras el tiempo pasaba, empezaba a ver las cosas diferentes. El catalizador fue mi hijo Michael. Un día me preguntó: “Papá ¿De dónde vienen tus ancestros?” Esto fue lo que me incitó. No estaba seguro. Yo sabía que mis padres venían de Rusia de algún lugar llamado Mogilev. De repente me di cuenta de que no sabía nada sobre mis antepasados. Todos estaban muertos, no tenía antepasados. Eso me deprimió. Me asustó. No tenía antepasados. ¿Puede una persona saber quién es si no sabe quiénes son sus antepasados? Estaba descansando en mi cuarto, meditando por enésima vez, cuando levanté la mirada y vi, en la pared, mi colección de litografías de Chagall. Su serie de la Biblia. Y me tocó, pues ahí estaban mis antepasados.

*ANTEPASADOS FAMOSOS*

¡Eran más famosos que las estrellas de cine! Abraham, Itzjak, Yaakov, Shlomó, David, Rivká, Rajel, Ruth, Esther eran mi familia, los músicos, los guerreros, los poetas, los legisladores, etc.

Empecé a leer sobre ellos y cuanto más leía, más feliz me sentía. ¿Por qué? Porque todos venían de familias como la mía. Todos tenían problemas. Caín mata a Abel. Yaakov le miente a su padre. Yosef es vendido por sus hermanos. Y a pesar de todo se le dio una segunda oportunidad. Todos ellos se sobrepusieron y lograron grandes cosas. ¡Qué inspirador para un pecador como yo! ¡Y qué carga de culpa para mis hombros! Estaba agradecido a Chagall por recordarme el increíble linaje del cual provenía.

*LA MARAVILLA DE LA SUPERVIVENCIA JUDÍA*

 ¿Cómo sobrevivimos, perdidos en diferentes partes del mundo dentro de culturas extrañas y constantemente perseguidos? Nuestros enemigos se levantaron y cayeron y nosotros seguimos aquí. Los Babilonios, los Persas, los Griegos, los Romanos, todos están fuera de la imagen, pero nosotros permanecemos. Y ahí me di cuenta que debemos agradecer a esos judíos piadosos de barba y sombrero negro por haber ayudado a mantener el judaísmo vivo por tanto tiempo. Ellos entendieron algo muy profundo que nosotros, los seculares, nunca entendimos. D-os nos dio la Torá e hizo que seamos la conciencia del mundo. Las ideas de amor, compasión, amabilidad a los extraños y a los pobres, las ideas de santidad del propósito humano, la reverencia por la vida y la disciplina personal todos provienen de la Torá. Inclusive que nosotros los judíos nos olvidemos, nuestros perseguidores se acuerdan.

Hemos de suponer que Nóaj debió encontrar comida al salir del arca, ya que si hubiera esperado a que las semillas que traía consigo dieran frutos hubiera muerto de hambre. Quizá tenía reservas y las utilizó hasta que crecieron los árboles y dieron frutos. La Torá testimonia que la paloma que Nóaj mandó a ver si el diluvio había cedido trajo una rama de olivo, lo que indica claramente que no todos los árboles fueron destruidos y por lo tanto parecería que comida no le faltaba.

Con el diluvio D-os devolvió al mundo a su estado original donde las aguas cubrían toda la superficie de la tierra. D-os también esperaba el regreso del hombre a su estado original, el hombre del Gan Edén, del Paraíso. Pero Nóaj no respondió a esas expectativas. Lo que hizo Nóaj inmediatamente después de haber traído ofrendas a D-os, fue plantar un viñedo, hacer con sus frutos vino y emborracharse.

La Torá nos relata que su hijo Jam vio su desnudez y fue maldecido por su padre. Nóaj se convirtió en “el hombre de la tierra” y permitió que en poco tiempo el mundo cayera nuevamente en la idolatría y la perversión. El primer hombre, Adam, echó a perder todo a causa de una fruta y Nóaj protagonizó el oprobio también a causa de una fruta, se dejó llevar por la búsqueda del placer del paladar, más que por su misión en la vida, así como Adam se convirtió en un hombre terrenal y dejó de buscar la espiritualidad.

Moshé era radicalmente distinto como lo indica su nombre, “Moshé, porque del agua lo salvé” (Shemot 2, 10) Moshé se salvó de la mentalidad de los que sobrevivieron el diluvio. Supo crecer sin caer en el exceso de los placeres mundanos, desprendiéndose un poco de la tierra, para ser “el hombre de D-os”. Nóaj desperdició una gran oportunidad. Moshé enseñó al pueblo judío y al mundo entero cuál es la función del hombre en la tierra

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