Vayeshev: El poder de nuestras acciones

Parashat Vaieshev. Por Uriel Edery

Nos enseña el Talmud en el tratado de Shabbat que un padre no debe hacer diferencia entre sus hijos. El hecho que Yaakov le dio a Yosef una suma de dinero extra, a diferencia del resto de los hermanos, causó los celos de los mismos. Lo cual deribó en que las tribus descendieran a Egipto y allí comenzara la esclavitud. Esta Guemará hace referencia a lo relatado en nuestra parashá, cuando Yaakov, profesando su especial amor por su hijo Yosef, le regala la famosa “túnica ornamentada”.

El trágico desenlace de esta hecho es sabido. Los hermanos, patriarcas de las sagradas tribus de Israel, tiran a su hermano a un pozo lleno de serpientes y escorpiones, siendo rescatado de ahí por unos mercaderes Midianitas quienes lo venden a una caravana de Ismaelitas que descendía a Egipto. Este hecho es el comienzo del descenso de las tribus hacia Egpito y por ende, el comienzo de la esclavitud.

Esta Guemará citada, que a simple vista es lógica y simple de entender, debe despertar en nosotros una gran pregunta: acaso es ésta la razón por la cuál descendieron las tribus a Egipto determinando así el comienzo de la esclavitud?! Entonces, esto ya estaba “pactado” con Abraham unas cuantas generaciones antes. En el “Brit ben habetarim” en donde encontramos que la Torá nos dice: “Dijo a Abram: ‘Saber, habrás de saber que extranjera será tu descendencia en una tierra que no es de ellos — y los esclavizarán y los afligirán — cuatrocientos años. Mas también a la Nación a quien ellos servirán — Yo habré de juzgar’“.

Mi tío, el Rabino Mordejai Edery, de bendita memoria, escribe en su comentario al libro de Bereshit: “Concluyamos pues, que la Historia de la Humanidad y del Pueblo de Israel, de acuerdo al Tanaj, se desarrolla en dos planos: en el plano celestial y en el plano terrenal. Y en este último plano se juega el destino del ser humano sólo en una de sus dimensiones, mientras que la otra pertenece a D’s, Hacedor del hombre y de su historia”.

Yosef es vendido por sus hermanos

Esta afirmación determina que nuestro libre albedrío no se ve afectado en lo más mínimo por el hecho de existieren “planes celestiales”, ya que ambos se encuentran en dimensiones diferentes. Explica de esta manera el Rab Dov Iafe la interrogante planteada anteriormente. En el plano celestial, el descenso de las tribus a Egipto ya estaba “planificado”. La pregunta es, a nivel terrenal cuál es el detonante. En este caso el detonante fue la diferencia que hizo Yaakov entre sus hijos descripta anteriormente.

Desprende de acá una gran enseñanza para nuestras vidas. Existen procesos divinos que de una manera u otra van a ser llevados a cabo. La pregunta es, cuáles acciones humanas son las que van a determinar la concreción de estos planes. La función del ser humano debe ser actuar con su libre albedrío e intentar que sus acciones traigan consigo el desencadenamiento de los procesos celestiales positivos. Y no lo contrario.

Nuevamente comprobamos la responsabilidad que la Providencia Divina nos brinda. El futuro de la humanidad, de cierta manera, está en nuestras manos.

Shabbat Shalom umeboraj

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