Parashat Veyeji: La Mejor bendición para un padre

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“Y bendijo a Yosef y dijo: ‘…El ángel que me libró de todo mal bendiga a los muchachos y sean ellos llamados con el nombre mío y de mis padres Abraham e Itzjak y se incrementen como los peces, en medio de la tierra’” (Bereshit 48:15,16).

Yaakov está próximo a dejar este mundo y su hijo Yosef viene a visitarlo con sus dos hijos Menashé y Efraim. Yaakov le relata las vicisitudes de su vida y la alegría que fue para él no sólo volverlo a ver sino también ver a su descendencia.

Inmediatamente después se dispone a bendecir a Yosef, pero sorpresivamente bendice a sus hijos en su lugar, ¿Por qué?

Isaac era un joven un poco rebelde y en algunas cosas no seguía la tradición judía de su familia. A los 18 años obtuvo su licencia de conducir. Ese mismo día le preguntó a su padre, si podían acordar qué día usaría el auto de la familia. El padre lo llevó a su estudio y le dijo:

–Haré un trato contigo. Trae aprobadas tus asignaturas, estudia Torá y Talmud como corresponde, corta tu cabello y luego hablaremos del auto…

Al cabo de un mes, el muchacho regresó y nuevamente le pidió a su padre que le dejara utilizar el auto. De nuevo el padre lo llevó a su estudio y esta vez le dijo:

–Hijo, estoy muy contento contigo. Trajiste excelentes calificaciones y cada día te observo mientras estudias Torá y Talmud, pero… ¿recuerdas la condición de cortarte el pelo? ¿Por qué no te lo has cortado aún?

A esto el muchacho respondió: –Papá, he estado pensando sobre ello y vi que Sansón, Moshé, Noé en incluso todos los “Nezirim” (nazarenos) llevaban el cabello largo… ¿Por qué tendría yo que cortármelo?, ¿Acaso no va contra el mensaje divino?

–Es cierto –dijo el padre– pero te recuerdo que esos melenudos iban a todas partes caminando…

Explica el Rebe Aharón Perlow de Karlín52 que la bendición que sus hijos sigan el camino de los patriarcas es la mayor bendición que una persona puede recibir.

Yosef logró pasar la dura prueba personal de la asimilación ya que de por sí él se sentía como un extraño en Egipto, a pesar de haber llegado a Virrey. El no había sido educado en ese lugar, el ejemplo de la casa de Yaakov era diametralmente opuesto a la idolatría egipcia.

Pero sus hijos nacieron y crecieron en esa cultura. Yosef luchó incansablemente para que esos niños no se vieran influenciados por esa cultura errada. La mayor bendición de Yosef fue ver su propia continuidad a través de sus hijos. El esfuerzo dio su resultado, Yaakov tenía delante de él dos nietos iguales a los otros nietos que habían vivido bajo su influencia en la tierra de Quenaán.

Hoy día sigue siendo ésta la mejor bendición que como padres podemos recibir. En un mundo tan abierto y propenso a la asimilación debemos redoblar esfuerzos para ver a través de nuestros hijos la continuidad. El desafío es muy duro y a veces hay que luchar contra cierta rebeldía de los hijos que se dejan deslumbrar por vanidades y placeres del momento. La inercia no nos puede garantizar la continuidad, el hecho que nosotros no nos asimilamos no es garantía para nuestros hijos, lo más cercano a una garantía es la educación en el camino de la Torá, del compromiso con nuestro judaísmo.

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