Negacionismo de la Shoa II – Ideología

Memorial
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Por: Daniel Osowicki Cymbler

Este es el segundo artículo de una serie sobre el tema del Negacionismo del Holocausto.
Para los otros textos:
El Negacionismo I: Una ofensa a la memoria y al sentido común

El Negacionismo III – Nunca hubo el Holocausto

El sustrato ideológico del revisionismo y su desarrollo histórico

holocausto

La maquinaria genocida nazi intentó de diversas maneras ocultar su política de exterminio sobre el pueblo judío. Hasta la fecha no se ha descubierto ningún documento que mencione en forma directa la aprobación de una política de exterminio estructurada y firmada por las altas esferas del gobierno alemán.[1]

Personajes como Eichman o Himmler solían referirse a la política de exterminio sobre el Pueblo Judío como la “Solución Final al Problema Judío”. Palabras como “limpieza” o Judenrein, “espacio liberado de judíos” eran utilizadas en los informes de los cuerpos de exterminio en Europa Oriental para referirse a las atrocidades cometidas.

Este punto no es menor ya que es uno de los principales argumentos negacionistas. Veremos más adelante como refutar este argumento.

Revisionismo o Negacionismo

Es necesario que el concepto de Negacionismo esté claramente recortado para poder diferenciarlo de otras posturas.

El Revisionismo histórico examina ideas tradicionales y, dado el caso que encuentre suficientes pruebas concretas, las pone en duda, para introducir una nueva interpretación de los hechos, a la luz de nuevos descubrimientos que afecten los temas estudiados.

El Negacionismo es la negación sistemática de hechos históricos o científicos, generalmente efectuada sin recurrir a la investigación o la evidencia y surgida por motivaciones políticas, por lo que es clasificada como una práctica pseudocientífica.

Es importante saber que los “revisionistas del holocausto” no están “revisando” la Historia, sino más bien, negando categóricamente hechos indiscutibles. Por eso, el término más preciso para describir este movimiento es “Negacionismo”.

El problema del Negacionismo no es la revisión de los hechos, ni el negar algo que se creía inmutable. El problema es su nivel de verdad y los intereses a los que responden. El Revisionismo/Negacionismo es una estrategia de penetración ideológica más del lado de la propaganda que de la verdad. Interviniendo, supuestamente, a nivel intelectual, busca empujar los cimientos de realidades ya dadas.

Sirviendo a diversos fines, buscan o bien limpiar el pasado de ciertas ideologías, minimizar los hechos, descontextualizar las situaciones, alterar la opinión pública. Es borrar de los registros una verdad y colocar en su lugar una mentira que, gracias a la pompa académica que la recubre, puede convencer.

Conozca los principales autores del Negacionismo

Es muy importante conocer los principales autores del Negacionismo, pues en un eventual debate, se puede empezar la refutación de los argumentos y “pruebas” del contrincante, simplemente descalificando la fuente de sus datos ya que los militantes negacionistas son representantes de las más recalcitrantes tendencias fascistas europeas.

Después de la guerra, fueron trotskistas y anarquistas franceses quienes curiosamente iniciaron la Negación del Holocausto, al descalificar la evidencia del genocidio como “propaganda stalinista”.

Se suele mencionar a Paul Rassinier como el iniciador de esta corriente, al publicar en 1950 el libro Le Mensonge d’Ulysse (“La Mentira de Ulises”), en el cual trata sobre los testimonios de ex-prisioneros de los campos de concentración alemanes y su vivencia en Buchenwald y Dora-Mittelbau, donde estuvo preso por participar en la Resistencia Francesa a la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Su argumento es fácilmente refutado ya que evidentemente estos dos campos alemanes no eran campos de exterminio, sino de trabajos forzados. En 1961 ejecutó un “tour de conferencias” patrocinado por Karl-Heinz Priester, un ex-oficial de los SS y un antiguo propagandista a servicio de Goebbels.[2]

El historiador estadounidense Harry Elmer Barnes, asumió una postura negacionista en los años más tardíos de su vida. Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Barnes se volvió un conocido escritor pacifista, y el máximo exponente del movimiento revisionista histórico. Barnes apoyó la política Alemán en los años de la 2º Guerra mundial, llegando a afirmar que Hitler fue el líder más sensato de la época[3]. Después de la Segunda Guerra Mundial, afirmó que las acusaciones hechas contra Alemania y Japón, incluyendo el Holocausto, fueron propaganda de guerra usados para justificar la participación de EE.UU. en la guerra.

Un prominente precursor del Negacionismo fue el historiador David Hoggan, quien escribió en 1969 uno de sus primeros libros donde negaba el Holocausto titulado: The Myth of the Six Million (El mito de los seis millones), y el cual fue publicado por la Noontide Press [4], una pequeña editora especializada en literatura racista y antisemita. Hoggan se convirtió en uno de las primeras personalidades connotadas del Negacionismo, ya que él contaba con varios profesorados universitarios.

Entre otras distorsiones figuraba el hecho de que las leyes antisemitas nazis habían sido implementadas por la presión del antisemitismo polaco y que estás leyes eran la única forma de separar a dos poblaciones que de por sí, se encontraban enfrentadas. Indudablemente Hoggan no tiene el menor interés de tomar en cuenta los seis años de (1933-1939) dentro de los cuales las leyes antisemitas alemanas destruyeron económica, social y moralmente a la comunidad judía de dicho país, además claro está, del Pogrom de noviembre de 1938 (Kristalnacht).

En 1979 la corriente negacionista se organizó en un prolífico Instituto para la Revisión Histórica (IHR es su sigla en inglés) en Torrance, California, que mantiene convenciones anuales y publica el trimestral Journal of Historic Review, enviado sin cargo a doce mil historiadores norteamericanos. Su mentor, Willis Carto, de vieja militancia nazi, fundó el Liberty Lobby (la propaganda judeofóbica más grande de los EEUU).

Sin lugar a dudas David Irving [5] sigue siendo uno de los revisionistas que más revuelo ha causado en los últimos años. Esto se debe a dos razones.

1) Su profuso conocimiento (aunque carece por completo de algún título académico) sobre temáticas vinculadas al Estado nazi – alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

2) La resonancia a nivel mundial que produjo la pérdida del juicio legal que entabló contra la historiadora norteamericana Debora Lipzdat.

Sus primeras obras trataron sobre temáticas relativas exclusivamente al desarrollo de la guerra desde un punto de vista técnico. En 1963 escribió “Destruction of Dresden”, que consiguió convertirse en un best seller. En este libro y en los siguientes que siguieron dejaron en claro la simpatía de Irving con la ideología nacional-socialista.

El interés de Irving por la Shoá data de 1969. Durante una visita a Alemania, Irving se entrevistó con Robert Kempner, uno de los abogados norteamericanos de la acusación en los Juicios de Nuremberg, a fin de preguntarle “si los documentos oficiales de los Juicios de Nuremberg habían sido falsificados” y le contó que iría a Washington D. C. para comparar las grabaciones con los textos, con la finalidad de encontrar pruebas de que los documentos oficiales “habían sido manipulados y modificados”.

Hacia 1975 en su libro “Hitler’s war” (La guerra de Hitler) negó por completo el valor histórico del diario de Anne Frank, al cual se refirió como una creación de un guionista de películas.

Uno de los principales pilares de la parodia de Irving es intentar demostrar por todos los medios la falta de conocimiento de Hitler sobre el asesinato masivo de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Uno de sus principales argumentos en este sentido es presentar una supuesta transcripción de una orden telefónica – el 30 de noviembre de 1941 – de Himmler a Heydrich de que los judíos a bordo de un tren rumbo a Letonia no fueran asesinados, “por pedido expreso de Hitler”.

El historiador Hugh Trevor-Roper apunta una contradicción en el argumento: si Hitler no sabía que los judíos estaban siendo asesinados, ¿por qué ordenó que los que iban en ese tren en particular no lo fueran?

En 1996, Irving presentó una demanda contra la escritora estadounidense Deborah Lipstadt, autora de “La negación del Holocausto”, y la editorial inglesa Penguin Books en un tribunal inglés, alegando que Lipstadt le había difamado en su libro. Lipstadt le había acusado de, entre otras cosas, adulterar deliberadamente pruebas para apoyar su punto de vista ideológico. El resultado del juicio fue devastador para la reputación de Irving y la credibilidad de sus sugerencias. El tribunal lo encontró culpable entre otras cosas de “distorsionar la veracidad de los hechos históricos con fines perversos”. [6]

Con posterioridad – en Septiembre del 2004 – el gobierno de Nueva Zelanda anunció que no se permitiría que Irving ingresara a ese país, adonde había sido invitado a dar una serie de discursos. Eso se sumó a la prohibición de entrar a Alemania, Italia y Canada, aparte de la dificultad practica de ingresar a Francia.

Una vez que conocemos los principales autores negacionistas y su vínculo con las corrientes antisemitas, racistas y xenofóbicas, pasaremos a analizar sus principales argumentos y “pruebas”, refutándolos uno a uno.


[1] Existe documentación que recoge sucesos en donde judíos fueron asesinados, pero no existe un documento detallado de un plan de exterminio masivo.
[2] Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Rassinier#cite_ref-veinte_20-0
[3] The Struggle Against The Historical Blackout, Barnes, 1947.
[4] En su web venden 10 libros sobre la pureza de raza, otras 25 publicaciones antisemitas, además de las publicaciones negacionistas y las de contenido altamente racista y xenófobo.
[5] Escritor británico nacido en 1938, cuyos obras más famosas abarcan temáticas vinculadas al Tercer Reich.
[6] Lipstadt, Deborah (2005). History on Trial: My Day in Court with David Irving. New York: Ecco Press.

Para los otros articulos de esta serie:
El Negacionismo I: Una ofensa a la memoria y al sentido común

El Negacionismo III – Nunca hubo el Holocausto

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