Cartas para la próxima generación – Carta 3
Por: Rav Lord Jonathan Sacks. Todos los derechos reservados ©
SARA, DAVID, les quiero hablar sobre los hijos. D-s los ha bendecido a ambos con hijos. Son la alegría de nuestras vidas como de las suyas. Disfrútenlos, pasen tiempo con ellos, jueguen, aprendan, canten, oren y hagan mitzvot con ellos. Será la mejor forma de aprovechar su tiempo. El amor que les brindan cuando son pequeños los acompañará por el resto de vidas; como la luz del sol, los hará florecer y crecer.
Tener hijos es más que
un regalo. Es una responsabilidad; para nosotros, como Judíos, los hijos son la responsabilidad más sagrada. De ella depende el futuro del Pueblo Judío. Nuestra gente sobrevivió por 4.000 años porque, generación tras generación de Judíos tuvieron como prioridad el transmitirle la fe a sus hijos: santificaron el matrimonio; consagraron el hogar Judío; construyeron escuelas y casas de estudio. Concebían la educación como una conversación entre las generaciones: “Les enseñarán estas cosas reiteradamente a sus hijos cuando te sientes en tu casa, cuando viajes en la ruta, cuando te acuestes y cuando te levantes”.
Veían el Judaísmo del mismo modo que el aristócrata inglés ve una majestuosa mansión: vives en ella pero no es realmente tuya. La heredas de tus ancestros y tu deber es entregársela a la siguiente generación intacta, bien preservada y, si fuera posible, más hermosa y mejorada, y lo haces con placer porque sabes que ese es tu legado. Es lo que hace especial a tu familia y la diferencia del resto; perderla, venderla, o dejarla caer en ruinas sería como una traición.
Y ese es el punto. Hoy, de promedio en la Diáspora uno de cada dos jóvenes Judíos decide no casarse con otra persona Judía, formar un hogar Judío, tener hijos Judíos y continuar la historia Judía. Es trágico.
Vuestra madre y yo no les dedicamos suficiente tiempo para hablarles de nuestras propias historias familiares, pero la verdad es que prácticamente todos los Judíos que viven hoy en día tienen una historia más extraordinaria que la mejor novela o la mejor saga familiar. Esa historia cuenta cómo fueron expulsados de un país tras otro, cómo lo perdieron todo y tuvieron que volver a empezar de cero. Intentaron persuadirlos hacia la conversión de todas las formas posibles e igual dijeron “No”; sacrificaron todo por tener nietos Judíos. Y ahora que ser Judío casi no exige ningún sacrificio, cuando somos más libres que nunca de profesar nuestra fe, los Judíos estamos olvidando todo lo que implica tener nietos Judíos.
Entonces, ¿cómo pueden transmitir vuestros valores a la siguiente generación? Mostrándoles a vuestros hijos lo que ustedes aman. El rabino Moshe Alsheij, rabino del siglo dieciséis, en su comentario al Shema, preguntó: “¿Cómo les ‘enseñamos estas cosas’ a nuestro hijos? ¿Cómo podemos estar seguros de que ellos van a aprender?” ¿Cuál fue su respuesta? “La respuesta está en el versículo dos líneas más atrás: Amarás al Señor tu D-s con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Lo que amamos nosotros, también lo amarán ellos.
Hay muchas razones para el alto grado de asimilación en la vida Judía, pero hay una que es fundamental: somos herederos de varias generaciones de Judíos que fueron ambivalentes acerca de su Judaísmo No los juzgo, y tampoco deberían hacerlo ustedes. Entre 1880 y la década de 1930 vivieron una era de antisemitismo y luego vino el Holocausto. ¿Quién culparía a alguien en aquellos tiempos por decir, como dijo Heinrich Heine, que “el Judaísmo no es una religión, es una desgracia”?
Pero eso ya quedó en el pasado. Uno de los mejores regalos que ustedes les pueden dar a vuestros hijos es que ellos los vean llevar vuestra identidad con orgullo. Vuestra madre y yo hicimos nuestro mayor esfuerzo por demostrarles que para nosotros, el Judaísmo es nuestro legado, nuestra majestuosa mansión, el regalo que recibimos de los que vivieron antes que nosotros. Es el mayor intento en la historia de crear una vida de justicia, compasión y amor como una forma de traer la presencia Divina del Cielo a la tierra y que se grabe en nuestras vidas con el suave resplandor de la eternidad.
No podemos vivir la vida de nuestros hijos por ellos, ellos son libres y tomarán sus propias decisiones. Pero sí podemos mostrarles lo que amamos. Si quieren tener nietos Judíos, amen el Judaísmo y vívanlo como un privilegio y una alegría.
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