La perspectiva del judaísmo sobre la Eutanasia

¿Cuál es la perspectiva del Judaísmo sobre la Eutanasia?

Por el Dr. Yitzak Calafi M.D.

Hace unos días el holandés Mark Langedijk decidió que la muerte era la única manera de escapar de su adicción a la bebida, según un relato publicado por su hermano. Su médico aceptó este motivo. El propio Mark Langedijk fue el que fijó la fecha de su muerte y estuvo bebiendo cerveza, fumando cigarrillos y comiendo sándwiches hasta que llegó su médico de cabecera a la casa de sus padres para administrarle la inyección letal.

Cuando llegó el 14 de julio de 2016, este holandés de apenas 41 años esperó al médico en el banco de la casa paterna mientras, el galeno le explicó que recibiría una dosis de solución salina y luego una medicación que le dormiría antes de que le inyectase la sustancia que le pararía el corazón.

Justo antes de ese momento le preguntaron si estaba seguro de su decisión y al responder afirmativamente el médico acabó con su vida.Era alcohólico, motivo suficiente para pedir la muerte en la Holanda actual.

En 2015 ya el 3,9% de las muertes producidas en Holanda fueron debidas a la eutanasia. En el año pasado más de 5.500 personas han fallecido en este país tras haberles sido aplicada la eutanasia. [1]

También se podrá enmascarar intereses alegando que matar prematuramente es por cuestión de dignidad y compasión, incluso en el caso de un paciente comatoso, donde aquellos argumentos claramente no recaen sobre éste, sino sobre quienes están a cargo de él y en beneficio de ellos mismos, en pos de liberarse de las angustias, tribulaciones, pesadez física y espiritual de dicha situación, despojándose de toda responsabilidad.

 En la antigüedad se practicaba la eutanasia y el suicidio por motivos altruistas. Ahora vuelve con fuerza a imponerse la creencia en Occidente que la eutanasia se corresponde a su significado etimológico: en griego “eu” es “bueno” y “thanatos” es “muerte”. En el transcurso de la historia al término eutanasia se le han ido atribuyendo diferentes significados, “muerte rápida e indolora”, “muerte tranquila, fácil, dulce, suave, natural”. A lo largo de la historia se ha tratado regular la muerte causada por terceros y también la realizada por el propio sujeto mediante normas escritas o no, siendo estas reflejo de las concepciones ideológicas dominantes en cada época. En muchos pueblos era frecuente la eutanasia en ancianos, en enfermos, en mujeres a la muerte del marido, por honor y como expresión de fidelidad.

¿Cuál es la posición del Judaísmo sobre la Eutanasia?

Pirke Avot 4:29: Él  (Rabí Elazar Ha-Kappar) solía decir: Los que han nacido son destinados a morir y los muertos a resucitar. […] Y sepas que todo está de acuerdo con el cálculo; y no dejes que tu impulso malo te dé la esperanza de que la tumba será  tu lugar de refugio (que no existe otra vida); pues sin tu voluntad eres formado; sin tu voluntad has nacido; sin tu voluntad vives; y sin tu voluntad mueres; y sin tu voluntad tendrás que rendir juicio y cuenta ante el Rey de los reyes, el Santo Bendito sea Él.

Maimónides sostiene que la moralidad no puede provenir de la razón. Los preceptos son creídos, no conocidos como verdaderos. El entendimiento, la inteligencia es el utensilio, el medio, para razonar sobre su validez, pero ésta no descansa en la razón, sino en el mensaje divino recogido en la Torah. [2] La autenticidad de una posición ética judía depende de su relación a las fuentes: Torah y Talmud, de su coincidencia con las normas de la literatura jurídica judía. El término “derecho” tan usual en la jurisprudencia anglosajona está fuera de contexto en la ética judía y en su razonamiento legal. La Halajá, la ley judía, está compactamente centrada en obligaciones religioso-morales inmutables y su legislador es trascendental y Eterno (D-s). Por lo que hablar del “derecho a morir” es un sinsentido. El ser humano que nace está destinado a morir: Pirke Avot 4:29: Él  (Rabí Elazar Ha-Kappar) solía decir: Los que han nacido son destinados a morir y los muertos a resucitar. […].

Maimónides en su célebre código legal escribe: “El moribundo debe ser visto bajo todos los aspectos como una persona viviente”, luego añade de manera más incisiva este brillante comentario: “El que lo toca ocasionándole la muerte es culpable de derramar sangre. ¿A qué se le puede comparar? A una llama temblorosa que se extingue tan pronto como se le toca” [[ En realidad esta expresión se encuentra al principio del Tratado Semahot, en el que la segunda frase se atribuye a Rabbi Meir]].

El Sefer Hasidim rechaza expresamente la eutanasia activa voluntaria: “Si uno que sufre una penosa agonía le dice a otro: “ves que no viviré, mátame porque soy incapaz de soportar esta aflicción”, se le exhorta al interpelado a que no toque al paciente”. Este mismo libro alude a la ilicitud del suicidio eutanásico: “Aún cuando un individuo sea visitado por un gran sufrimiento y sepa que no sobrevivirá por mucho tiempo, le está prohibido matarse a sí mismo”. En el Kitzur Shuljan Aruj (194) queda taxativamente prohibido acelerar la muerte: “Aún cuando a alguien se le prolongue la agonía y esto cause aflicción al paciente y a su familia, permanece la prohibición de acelerar su muerte”.

Un paradigma de estas actitudes se encuentra en el relato hagádico del Talmud (Avodah Zarah): cuando los romanos quemaban vivo a Rabí Hananía ben Taradión, lo habían envuelto con los rollos de la Torah y se esforzaban por prolongarle la agonía, sus discípulos le gritaban que abriera la boda para que al inhalar el fuego acabase el sufrimiento. Empero él respondió: “Dejemos que sólo Aquel que me dio la vida me la quite. Porque ningún hombre puede dañarse a sí mismo”. El relato de este martirio concluye cuando los ejecutores romanos le preguntaron a Rabí Hananía si él podía remover el penacho de lana húmeda que cubría su corazón y prolongaba artificialmente su vida; Rabí Hananía aceptó esto y expiró.

De lo anterior se concluye que está permitido halájicamente, aunque no hay obligación, remover cualquier medio artificial que prolongue la vida del moribundo. Así lo reconoce expresamente otra fuente medieval, el Sefer Hasidim (234 y 723).

El término hebreo para eutanasia es mitah yafa. Se emplea en las discusiones talmúdicas a propósito de la pena de muerte a criminales. El amor al prójimo (Vayikrá 19:18) se ejercitarían en la muerte del criminal aplicándole una mitah yafa. En esas circunstancias una muerte rápida suavizaría en tiempo y en grado el dolor del criminal (Sanedrín 45ª, 52a).

Algunos autores han deducido de aquí por el argumento a fortiori (en hebreo kal va-homer a la letra “lo ligero y lo pesado, nosotros diríamos: si se puede lo más se puede lo menos) a la admisión de la eutanasia activa. ¿Lo que se hace con el criminal culpable, ¿por qué no hacerlo con el inocente?! En realidad estos autores han sacado la intención de la mitah yafa de su contexto.

La pena de muerte estaba admitida en la Halajá [Shemot 21:12-29; 22:18-20; 31:14; Vayikrá 20:2-27; 24:10-16, etc.), sin embargo existía en el pueblo y en la dirigencia religiosa una enorme repugnancia a la aplicación concreta de la pena capital. Incluso se decía al respecto que un Sanedrín sería calificado de asesino el que ejecutara a un hombre en siete años. Más aún, Rabí Elezazar ben Azarya lo catalogaba como asesino si ejecutaba a un hombre en 70 años.

Además se montaba todo un complicado aparato para detener la ejecución aún a punto de realizarla, si aparecía a última hora un nuevo testimonio que pudiera favorecer al reo. En coherencia con lo anterior se debería condenar a muerte a más no poder, y dado el caso había que evitar toda muestra de saña o crueldad; de ahí el procurar la muerte rápida (mitah yafa) del sentenciado. Lo cual habla más bien del respeto a la vida que de la prontitud para dar muerte.

En conclusión, más allá de toda inferencia casuística Sanedrín 78a considera asesino al que mata a un moribundo. Lo mismo hace Maimónides (Hilkhot Rotzeah 4,7). [3]

El Talmud llama al moribundo “goses”, y lo describe como aquel paciente que no puede ya tragar su propia saliva (Even Haezer, 121:7), y se presume que su estado no se puede prolongar más de tres días (Yoreh Deah, 239, 2). Pues bien, quien remueva el cojín de la cabeza  del gosses o actué de forma que acelere la muerte, es considerado culpable de derrama sangre (Yoreh Deah, 339).

El sufrimiento y dolor del moribundo deben ser mitigados Mishlei 31:6: “Dad licor al que va a perecer”, lo que no acelera la muerte, pero si tiene un efecto analgésico [4], por lo que se les daba licores fuertes a los soldados israelitas agonizantes y moribundos en el campo de batalla, a diferencia de los egipcios, cananeos, filistim, romanos, y helenos, que sus mismos compañeros remataban para evitarles el dolor de las heridas mortales. En la Torah se relatan dos hechos sobre muertes que se extrapolan a la eutanasia, por analogía. El primer caso se narra en Shoftim –Jueces- 9:50. Abimelej pide a su escudero que le dé la muerte después de resultar herido gravemente por una piedra arrojada por una mujer desde la torre durante el sitio de Tebes. Abimelej ordenó a su escudero: “Desenvaina tu espada y mátame, para que no digan de mí: le ha matado una mujer”. Su escudero lo atravesó y murió. En este caso no existe motivo de piedad, sino de vano orgullo. Este trágico episodio es visto por el autor del relato bíblico como castigo de Dios.

El otro caso se refiere a la muerte del rey Shaul, en Shmuel I. 31:1-13 y Shmuel II.1:1-16, el rey Shaul pide ayuda a un amalecita que lo remate, a lo que el Rey David reacciona ordenando que se le ejecute por no haber tenido temor de extender su mano para destruir al ungido del Eterno, el Rey Shaul.

El Decálogo [Shemot 20:13] ordena: No asesinarás (a tu prójimo). Se prohibe matar violenta y desautorizadamente, puesto que en la misma Biblia se postula la pena de muerte para ciertos delitos. La razón profunda de este mandamiento la encontramos en Bereshit 9:6: “Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será vertida, porque a imagen de D-s hizo Él al hombre”.

No se puede decir algo más sublime y profundo sobre el ser humano sino que está hecho a imagen de D-s, el Omnipotente, el Eterno, el Creador. En esto reside su grandeza, por eso la vida humana es lo más precioso que existe en el Universo. Por esto en el judaísmo la vida humana es santa e inviolable.

El Rabino Lord Immanuel Jacobovitz publicó Jewish Medical Ethics en 1959 en el que  sostiene que de acuerdo a la Halaja, cualquier forma de eutanasia activa está estrictamente prohibida (página 123).

Desde el ámbito judaico liberal, Hillel Cohn alude a que el judía liberal no se siente ligado a la halaja y por lo tanto “el derecho a morir” es una libertad fundamental que debe ser usada con la más alta responsabilidad”. Por otra parte, se pregunta Seymor Siegel si el testamento en vida, por el que se pide que en caso de enfermedad grave no se empleen medios extraordinarios en la curación, podría asimilarse al suicidio. Sin embargo la respuesta a este hecho es negativa, ya que este testamento estaría acorde con la tradición judaica, con él no se niega la Providencia, ni se dispone arbitrariamente de la propia vida.

El Rabino Dr. Moshe D. Tendler se refiere a la frase “morir con dignidad” es el fin que resulta de un estilo de vida digno. En sí misma la muerte es un evento no dignificante. Si los que atienden al moribundo se comportan de modo compasivo y dignificante no habrá nada indigno fuera de la muerte misma”. Cuando llega la hora de la muerte, el alma del moribundo desea dejar el cuerpo, y no se debe ni acelerar ni retardar el proceso natural.

El Rem”a, Rabino Moisés Isserles en su glosa sobre el Shuljan Aruj (Yoreh Dei´ah 339,1) señala: “si algo impide la salida del alma, tú puedes remover ese impedimento, porque esto no es considerado como interferencia, sino un acto de alivio”.

 La vida es muy valiosa, hay que cuidarla al máximo y hay que prolongarla dentro de los parámetros de calidad y dignidad. Está escrito en Kohelet 3:2: “Hay un tiempo para morir”, cuando este momento llega a cada ser humano, ya no tiene obligación de prolongar su vida. Al contrario, existen en el Talmud impresionantes narraciones en la que los discípulos piden a D-s la rápida muerte de de su maestro y ésta es escuchada (Talmud Babli, Ketuvot 104a) e igualmente unos rabinos piden por la muerte de sus colegas para que cesen sus sufrimientos (Talmud Babli Bava Metzia 84a). Oración y petición no sólo apropiada, sino laudable.

Cuando D-s había creado todo y vio que todo era muy bueno apareció la muerte, también ella era muy buena, comenta Rabbi Meir. ¿Cómo puede entenderse esto? D-s para consolarse del pecado del hombre, habiendo creado la vida humana, creó la muerte para salvar la dignidad humana. Por esto la vida humana es sagrada.

Es por lo que el judaísmo prohíbe dilatar tecnológicamente un proceso agónico obstinándose terapéuticamente, y aunque sin intención, mortificando artificialmente al paciente.

Cuando una sociedad pierde vista el valor divino, absoluto de la vida, el carácter sagrado de la vida, el cambio es al principio imperceptible. Al principio es sólo el más débil, sólo las vidas más indefensas quedan afectadas. Vidas que no tienen voz, la sociedad no las oye, o incluso hasta les ponen palabras en sus bocas. Pero ese primer paso es, de muchas maneras, el más crucial. A menos que la tendencia se detenga y se invierta, llevará a un segundo paso y un tercero, y no mucho después, estaremos bien adentro en los bosques bárbaros donde todo es relativo, donde el derecho a la vida es completamente relativo al poder, a la riqueza y a la fuerza física.

La marcha atrás de uno de los líderes pro eutanasia

El caso de Holanda ha hecho incluso replantear su posición a algunos que tuvieron un papel importante en su implantación. Theo Boer, docente de la Universidad de Utretch, era un convencido defensor de la eutanasia y fue miembro durante nueve años de la Comisión de Control encargada de vigilar la ejecución de la ley. Ahora advierte al resto de países: “no cometáis nuestro error” y admite que los que se oponían a esta normativa acertaron de lleno. [5]

Si la vida es relativizada y si la vida no tiene un valor absoluto, pierde valor y deviene finalmente en algo sin valor. Y a menos que no otorguemos un absoluto significado moral a nuestros actos, ellos no tienen ninguna importancia moral, perdemos nuestra trascendencia y dilapidamos la imagen del Eterno que está en nosotros.

NOTAS

[1] Dutch euthanasia law is used to kill alcoholic, 41, who decided death was the only way to escape his problems. 29 November 2016. MailOnLine

http://www.dailymail.co.uk/news/article-3980608/Dutch-euthanasia-law-used-kill-alcoholic-41-decided-death-way-escape-problems.html

[2] http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/jurid/cont/19/pr/pr23.pdf

[3] Crime and Punishment in Jewish

https://books.google.es/books?id=glMsh6zrXi8C&pg=PA72&lpg=PA72&dq=Hilkhot+Rotzeah&source=bl&ots=fusFxv8QfM&sig=At-SKBblrh7Zc_kvqOuaG0Qx5CI&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjL-MHIodvQAhUI8WMKHT4rDAEQ6AEIGjAA#v=onepage&q=Hilkhot%20Rotzeah&f=false

[4] Feeling no pain: alcohol as an analgesic. Orally administered ethyl alcohol (1 ml/kg of 100% ethyl alcohol + 1 ml/kg tonic water) (the equivalent of two cocktails) produced tolerance to experimentally induced pain comparable to 0.17 mg/kg s.q. morphine (11.6 mg in a 70 kg person)

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/3362554

[5] Don’t make our mistake: As assisted suicide bill goes to Lords, Dutch watchdog who once backed euthanasia warns UK of ‘slippery slope’ to mass deaths 10 July 2014. MailOnLine.

http://www.dailymail.co.uk/news/article-2686711/Dont-make-mistake-As-assisted-suicide-bill-goes-Lords-Dutch-regulator-backed-euthanasia-warns-Britain-leads-mass-killing.html

 

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