Behalotja: Si D-ios quiere!

Parashat Behalotja, por el Rav Ilan Rubinstein.

“Y a veces la nube permanecía pocos días sobre el Tabernáculo. Por orden del Eterno se detenían y por orden del Eterno se ponían en marcha” (Bamidvar 9:20).

La intervención del hombre en la resolución de los problemas o desafíos de la vida es crucial, una mirada superficial pudiera hacernos creer que nuestro destino está exclusivamente en nuestras manos.

Esta cosmovisión es positiva ya que nos motiva a hacer el mejor esfuerzo para lograr nuestras metas en el entendido que de mí depende el éxito, pero el peso de semejante responsabilidad, a veces, puede generar un gran estrés. Hay situaciones que superan nuestra mejor voluntad y creatividad, hay problemas que no dependen de nosotros para ser resueltos. Hay factores externos que torpedean las genialidades humanas.

En el desierto, los viajes y los descansos no eran obra de la voluntad humana, como hemos visto arriba, sólo por orden de D-os viajaban o se detenían. Este mecanismo no sólo fue una premisa para los judíos mientras estaban en el desierto, también hoy día mantiene su vigencia.

Había llegado el gran momento. Los novios estaban parados uno frente al otro, secundados por los orgullosos padres y madres. El novio levantó el velo y asintió con la cabeza a la obvia pregunta del Rabino si esa era su novia.

Recibió el anillo de manos del Rabino, recitó la formal expresión de “Arei At mekudeshet…” y se dispuso a ponerlo en el dedo índice de la mano derecha. Pero los nervios le jugaron una mala pasada y el anillo se resbaló de su mano y cayó al piso. El joven se puso colorado y no pudo reaccionar, desde abajo se escuchaban algunos murmullos del público. La inteligente intervención del Rabino devolvió la calma.

Rápidamente se agachó, tomó el anillo y les dijo a los novios: –Hace unos instantes creímos que había llegado el momento de consumar vuestro matrimonio, pero aparentemente nuestros cálculos no correspondían a los de D-os. En el cielo no había llegado el momento. Mirando al joven con una cómplice sonrisa le dijo: –Ahora ha llegado el momento, con la aprobación de D-os toma el anillo, repite conmigo las palabras y colócalo.

Explica el Shla Hakadosh que estas palabras “por orden del Eterno se detenían y por orden del Eterno se ponían en marcha” es una gran enseñanza para todas las generaciones, que aprendamos a decir siempre, ante cualquier iniciativa que deseemos materializar, “Si D-os quiere” porque todo depende de Él.

La vida está llena de experiencias que nos indican este principio, sólo hay que ser sensibles para verlo. Grandes hombres, con el potencial máximo para triunfar en la vida, inexplicablemente, van de fracaso en fracaso, mientras que los propensos al fracaso triunfan.

Uno de esos ejemplos, a nivel más general, es el pueblo de Israel. Los judíos, según los pronósticos más conservadores, deberíamos haber desaparecido ya hace mucho tiempo. Pero por disposición Divina las potencias que nos persiguieron e intentaron aniquilarnos han desaparecido y nosotros, aquí estamos. En el judaísmo la expresión “Si D-os quiere” no es un cliché, es la expresión del realismo en su máxima expresión.

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