Relaciones eternas


Parashat Devarim

Por Daniel Herc,

Hay relaciones que nunca terminan, hay lazos que no se pueden romper.

“Donde fuego hubo, cenizas quedan”. Generalmente se usa esta frase para marcar que donde hubo una relación fuerte, no hay manera que después de su ruptura no quede ningún rastro de ella. Las relaciones dejan huellas, marcas especiales, que ni el tiempo ni el cambio de lugar consiguen borrarlas. Es verdad que la mente tiende a olvidar y por eso los recuerdos con el tiempo se hacen más débiles, más difusos. Sin embargo, no es así con respecto a recuerdos basados en fuertes conexiones. Cuando un recuerdo no es meramente algo mental, sino que viene acompañado de un lazo sentimental, este toma más peso, más importancia y por eso se vuelve más difícil de olvidar.

“Mamá, mamá, te extraño”, le dice el hijo pequeño por el tubo de teléfono a la madre que tuvo que viajar por negocios, a lo que ella le responde ” No te preocupes hijo, ya pronto volveré y estaremos cerca”. Que un hijo extrañe a sus padres cuando ellos no se encuentran cerca es un caso común y corriente de la vida cotidiana. Ahora, digamos que este hijo nunca conoció a sus padres y se pone a hablar por teléfono con ellos. ¿Acaso el hijo les puede decir lo mismo? ¿Acaso el hijo les puede decir que los extraña?

Por lo general alguien extraña algo que tuvo y perdió. Es muy difícil extrañar algo que nunca se tuvo. Cuando alguien extraña, siente una falta, un vacío generado por la ausencia del objeto/sujeto faltante. Entonces, ¿cómo puede ser que un hijo que nunca vio a sus padres, pueda extrañarlos? ¿Cómo puede alguien sentir que le falta algo, si nunca lo tuvo en sus manos?

Esto se debe a que la persona no extraña al ser o al objeto faltante, que muchas veces estos son reemplazados por otros. Lo que la persona extraña es la conexión generada con lo faltante. Tendemos a generar conexiones con todo lo que nos rodea. Mientras más cercanas son las cosas que nos rodean para nosotros, más fuertes son estas conexiones. Un hijo extraña tanto a su madre que se fue de viaje, no por el hecho de que ella estuvo y ahora no está, si no por el hecho de que la conexión que generó con su madre, el ser más cercano y con la cual mayor relación tiene, “se estiró”, su conexión no es tan fuerte como cuando ella está cerca, su conexión se debilitó.

Estas conexiones se generan en 2 parámetros, en el sentimental y en el mental. Muchas veces nos conectamos a una idea, una imagen que generamos y nos es difícil desconectarnos de ellas. Mientras más me aferro a la imagen, más conectado estoy y más voy a sentir la falta cuando esta se esfume. Los sentimientos no son fijos en la gente. En una milésima de segundo puedo pasar de estar feliz a estar triste. Por eso, las mejores relaciones, las conexiones más fuertes, son las que van acompañadas de sentimientos y pensamientos, de corazón y mente, ya que pasan a ser algo fijo y no algo pasajero.

Este Shabat es llamado shabat “Jazon”, ya que se lee la Haftara que se encuentra en el libro de Yeshaiau que empieza con las palabras “Jazon Yeshaiau ben Amotz”. Esta Haftara se lee siempre en el Shabat anterior a Tisha Be Av (el ayuno de Av). Los últimos tres shabatot antes de Tisha Be Av se leen haftarot relacionadas a la destrucción del Beit Hamikdash debido a que el mismo (tanto el primero como el segundo) fue destruido el 9 de Av. Después de Tisha be Av, hay siete shabatot que se leen haftarot de nejama (consuelo). Este es el día más doloroso para el pueblo judío, el día predestinado por D´s para que sucedan cosas malas hacia nosotros. Esto mismo nos marca tanto, que ya antes de él, nos vamos preparando para entender cuan profundo es este dolor, y posterior a él, nos preparamos para ver la salvación, el consuelo, la luz al final del túnel.

¿Cómo podemos percibir hoy la pérdida del Beit Hamikdash? ¿Cómo puedo yo sentir el vacío que nos dejó el Beit Hamikdash, si nunca lo tuve? ¿Cómo puedo yo estar triste y dolido por su falta?

Simplemente, profundizando y entendiendo cuál es nuestra conexión con él. Cuál es nuestro lazo con el Beit Hamikdash. Yo “no” me lamento que hoy en día nada más físicamente no se encuentre el Beit Hamikdash, sino que me lamento por la falta de conexión que hay hoy en día hacia este, hacia lo que él generaba. El Beit Hamikdash era la morada de la presencia divina en este mundo. Cuando el Beit Hamikdash fue destruido, no solo el pueblo de Israel salió al Galut (exilio), sino que la shejina (la providencia divina) también. Estando ella y nosotros en el Galut, nuestra conexión es débil, es poca. Lo único que mantuvo en vida al pueblo de Israel durante tanto tiempo es la posibilidad de volver a conectarse con Él, la esperanza de que venga el mashiaj y ver al Beit Hamikdash construido. Lo que ansiamos más que nada es ver que nuestra relación con la providencia divina renazca y se fortalezca.

En el talmud (shabat 31) está escrito que cuando lleguemos al cielo, la primera pregunta que nos van a hacer es: “Tzipita le ieshua”? (esperaste la salvación, esperaste la redención)? Nuestra esperanza no está basada en extrañar el pasado, la época dorada cuando el Beit Hamikdash estaba construido. Nuestra esperanza tampoco es ansiar el futuro, aquel en el cual todo va a ser un valle de rosas con la llegada del Mashiaj y la reconstrucción del Beit Hamikdash. Nuestra esperanza es que el pasado y el futuro sucedan ahora, en el presente. Nuestra esperanza es ver ahora la salvación, ver que la llama arde y sentir la fortaleza de la cercanía de nuestra conexión con D´s.

“Ubene Ierushalaim Ir Hakodesh bimehera beiamenu”. (Construi a Jerusalem, la Ciudad Santa, en la proximidad de nuestros días).

Que podamos recapacitar este Tisha Ve Av en la relación eterna que tenemos con D´s, y asi poder entender de cuán grande es la falta que genera la ausencia del Beit Hamikdash.

Shabat Shalom

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